
Español · 5:24
CANCIÓN 01
Zeitgeist
Los hilos que mueven el mundo.
«Zeitgeist» habla desde una voz que empieza a desconfiar de las ideas que recibió como certezas. El arranque reúne tres instrucciones: qué creer, qué temer y a quién odiar. A partir de ahí, la letra recorre religión, guerra y dinero como territorios donde el narrador ve repetirse un mismo mecanismo: ofrecer seguridad a cambio de obediencia.
Las imágenes de fe y conflicto desembocan en una multitud paralizada por el horror y empujada hacia la venganza. Para esa voz, el miedo divide a quienes podrían reconocerse como iguales, mientras otros obtienen poder o beneficio del enfrentamiento. El estribillo convierte su desconfianza en un grito colectivo. Despertar significa empezar a cuestionar quién construye el relato y qué emociones consigue movilizar.
El puente introduce el giro más humano: preguntarse si realmente somos enemigos o si hemos aprendido a tratarnos como tales. Esa pregunta lleva la canción desde la acusación hacia el deseo de una vida sin guerras, miedo ni división. El cierre pide conservar la libertad y la felicidad frente a las promesas de salvación que exigen entregarlas.

Español · 5:13
CANCIÓN 02
El hambre tiene mi cara
La promesa de una última jugada.
«El hambre tiene mi cara» entra en la cabeza de alguien que todavía cree tener el control. Observa a los demás jugadores, se considera distinto y se protege detrás de una palabra: método. Recuerda sus aciertos como pruebas de habilidad y aparta sus pérdidas de la explicación. La mesa se convierte en un lugar donde siempre parece quedar una última oportunidad.
La canción sigue lo que ocurre cuando la apuesta deja de terminar al levantarse de la silla. La cifra pendiente invade el sueño, las conversaciones y la casa. Aparecen recibos escondidos, excusas sobre la nómina y respuestas automáticas a un hijo al que ya no se está escuchando. Recuperar el dinero empieza a significar también recuperar la imagen de uno mismo.
«Lo recupero y paro» es el centro de esa trampa: una promesa que aplaza continuamente el momento de parar. Cuando el protagonista afirma que no está apostando, que está reparando, termina de revelar su autoengaño. El hambre del título ya tiene su rostro. Cae el cero y sigue sentado.

Español · 3:13
CANCIÓN 03
Como nuevo
La felicidad que cabe en una caja.
«Como nuevo» empieza con una idea a medianoche y una necesidad que crece a base de buscarla. Tres días, treinta pestañas y decenas de comparaciones convierten el capricho en algo que parece imprescindible. Cuando aparece la oferta, comprar se siente casi como la decisión más sensata. La canción conoce ese pequeño razonamiento y lo cuenta con una ironía muy cercana.
Después llega el ritual de la espera: tracking, café y otra visita al tracking. Incluso la discusión con el transporte forma parte de una ilusión que se alarga más que el disfrute. El paquete por fin se abre, llegan el cacharreo, los foros y los tutoriales. Cuando ya no queda nada que descubrir, la curiosidad se apaga y el objeto pierde buena parte de su atractivo.
El cajón y Wallapop cierran el recorrido de algo que prometía cambiar la vida y apenas ha dejado de estar nuevo. «Qué más da» permite reconocer el mecanismo y quitarle importancia al mismo tiempo. El final vuelve a ponerlo en marcha: aparece otra cosa que comprar. La felicidad dura lo que tarda la siguiente novedad en llamar la atención.

Español · 6:15
CANCIÓN 04
Turno de noche
Las heridas que no encuentran palabras.
«Turno de noche» se sitúa en esas horas en que el dolor parece ocuparlo todo y amanecer se convierte en una forma de esperanza. Cristales, fármacos, hambre y cadenas dibujan una experiencia de vulnerabilidad. La letra se acerca a alguien que lleva heridas difíciles de contar y que atraviesa la noche sin encontrar palabras suficientes para explicar lo que siente.
El estribillo reúne la amenaza de hacerse daño con cicatrices que permanecen ocultas. Detrás de ellas hay historias que pesan y que todavía cuesta compartir. La imagen de una herida que peregrina, de lugar en lugar, transmite una búsqueda agotadora de seguridad y pertenencia. Las raíces torcidas y los frutos con sed prolongan esa sensación de haber crecido sin recibir lo necesario.
En el último verso aparece la ruptura de una protección que debía existir: quienes guardaban el umbral dejaron de hacerlo. La canción mantiene esa herida en un lenguaje sugerente, sin reducir a la persona a una explicación única. La llama que tiembla conserva una presencia frágil en mitad del invierno, mientras las horas siguen contándose hasta que regrese la luz.

Español · 3:58
CANCIÓN 05
La Cima de la Especie
Un trono construido con nuestras miradas.
«La Cima de la Especie» presenta el futuro como un espectáculo que cabe en una pantalla vertical. Coronas de luces, tronos plegables y un reconocimiento que depende de que los números sigan subiendo. La canción exagera ese escenario con una sonrisa incómoda: la atención tiene precio, la intimidad admite tarifa y sentirse especial puede comprarse por unos cuantos tokens.
La sátira también apunta a quien mira. El narrador deja un corazón, escribe un comentario indignado y continúa consumiendo. Se cree único cuando recibe un trato que también reciben otros cincuenta. Su pequeño reino está construido sobre el cargo de la cuenta y una cercanía que dura mientras se pague. La corona es de mentira; la servidumbre, real.
El golpe final está en esa doble moral: exigir dignidad y, acto seguido, renovar la suscripción. La canción pone juntos el escaparate y a su público, la oferta y la demanda, para mostrar un mecanismo en el que resulta demasiado fácil criticar desde dentro.

Español · 4:10
CANCIÓN 06
Vending Machine
Traga. Calla. Paga. Consume.
«Vending Machine» imagina el consumo como una máquina que nunca deja de servir. Por ella pasan alimentos, imágenes, deseos y una idea de felicidad preparada para comprarse. La voz de la canción reúne todo ese flujo bajo una palabra deliberadamente agresiva: basura. Su denuncia conecta lo que entra en el cuerpo con lo que ocupa la atención y termina moldeando la mirada.
La letra desconfía de una libertad que se presenta como elección mientras fabrica la necesidad de elegir. Desde esa perspectiva, la ansiedad mantiene el hambre y cada producto promete calmar algo que el siguiente volverá a despertar. Las imágenes de veneno, plástico y cristal expresan el temor a una vida convertida en materia de negocio, incluso cuando parece llevar un sello tranquilizador.
El último tramo extiende la acusación a las reglas y los discursos que, según el narrador, protegen ese circuito. El breakdown lo reduce a cuatro órdenes: tragar, callar, pagar y consumir. La repetición imita una cadena mecánica y revela el significado del título: una existencia que recibe productos y devuelve dinero, mientras intenta recordar cuánto de su deseo todavía le pertenece.

Español · 6:01
CANCIÓN 07
Quiero saber
La necesidad de encontrar una explicación.
«Quiero saber» recorre en español la necesidad de comprender qué hay detrás de la información que recibimos. Todo comienza con una duda en la red. La búsqueda encadena fechas, titulares y patrones hasta que cada pista parece conducir a una trama mayor. La letra sigue el pensamiento de alguien que necesita ir más hondo y que empieza a preguntarse cuánto de lo que cree nace realmente de sí mismo.
Ese impulso se vuelve emocional. Las historias que encuentra el protagonista despiertan indignación y miedo, y después una pregunta más difícil: si tanto odio acabará cambiándolo. Las referencias de la letra pertenecen a ese recorrido y a la mirada de quien lo vive. El verdadero conflicto aparece cuando la necesidad de entender amenaza con ocupar toda su vida.
El cierre conserva la búsqueda, pero introduce un límite humano: no poder arreglar el mundo y necesitar seguir en pie. «Quiero saber» termina junto a «Quiero vivir», dos deseos que la canción intenta mantener juntos.

Español · 5:49
CANCIÓN 08
La Condición Humana
La distancia cómoda desde la que miramos.
«La Condición Humana» coloca al narrador frente a las noticias, instalado en su sofá. Desde ese lugar contempla guerras, apuestas, cuerpos convertidos en negocio y niños que pagan decisiones ajenas. La distancia permite ordenar el mundo en culpables y víctimas, pero también transforma el dolor en una sucesión de imágenes que se pueden seguir mirando sin levantarse ni intervenir.
El estribillo lleva esa contradicción hasta una frase perturbadora: la condición humana parece hermosa cuando arde. La letra reúne escenas del universo del álbum y las deja respirar entre pausas, silencios y repeticiones. El hambre de apostar, el consumo de intimidad y la felicidad de alta gama forman parte de una misma circulación de necesidades, mientras cada cual encuentra una manera de apartar su responsabilidad.
El puente hace explícito lo que la mirada escondía: el dolor ajeno se ha convertido en diversión y su caída alimenta una adicción. Después llega la confesión de que el propio narrador también pasa la culpa. El sofá del cierre ya significa mucho más que comodidad. Es el lugar desde el que puede sentirse a salvo mientras participa, como espectador, de aquello que condena.